La Luz

Posted by Roberto Mansilla Nieto Etiquetas:

Concurso de Narracion Instituto de Cultura Peruana de Miami 2011
 (3er puesto) 

Mi existencia  no tiene ningún sentido sin ellos. Camino las calles de siempre,  entristecido, desesperado. Los temores, la terrible culpa que oprime mi pecho y la soledad que duele y que lamento, siguen mi andar por donde quiera que intente perderme,  huyendo de mi mismo,  de los malos recuerdos y de todo. Busco a mi familia por todos lados y no los puedo hallar. Debí escuchar a mi mujer.
–Por favor, Alberto, déjame manejar  el auto, has tomado demasiado- decía ella y yo no escuchaba, embrutecido por el licor, envalentonado por la petulancia.
Ahora, solo, con ésta angustia que hace pesado mi andar, no logro encontrar consuelo.
Esa noche, la última noche que vi a mi mujer e hijo, la recuerdo borrosa, imprecisa, llena de lagunas negras, sin color. Llovía a cantaros, parecía un diluvio. El viento endiablado lanzaba las gotas de lluvia tan fuerte que parecían ráfagas de metralla, latigazos enloquecidos de agua.
Yo había bebido más de la cuenta en aquella reunión. Nos despedimos de los amigos en la puerta de su casa. Mi mujer, con el pequeño Lalo en brazos,  luchaba conmigo para que le dé las llaves. No pudo convencerme. Subí al auto y pegué un grito ordenándole  que hiciera lo mismo. Ella callada me  miró, empapada de agua y de rabia. Abrió la puerta trasera, acomodó al niño en su silla y se quedó con él, en el asiento de atrás.

Todavía

Posted by Roberto Mansilla Nieto

Poema Ganador del Concurso de poesia de la Biblioteca Comunitaria de Providence

Ante nada he fracasado en la vida, se diría,
porque ante todo, sigo luchando la vida misma, día con día.

De las batallas ganadas y perdidas qué te puedo decir...
si no que el llanto y la alegría de ellas, me enseñaron a vivir.

Soy de la tristeza, el triste que la carga,
soy de los tropiezos de la vida, todavía, el caminante que anda.

Ya pintan canas mi pelo y surcan arrugas mi frente.

El tiempo ha pasado en esta lejanía,
y aún conservo mi equipaje como el primer día,
con la promesa de volver, sin desempacar, todavía.